El bosque de la bruja y los calcetines mágicos

Entre nuestras manos tenemos uno de los libros de la magnífica Jutta Richter: El bosque de la bruja y los calcetines mágicos ilustrado por Jörg Mühle y editado por Lóguez en la Joven Colección. Sus guardas rojas, como el gran ovillo de lana y los calcetines que está tejiendo la bruja en un bosque nocturno (imagen portada del libro), comienzan a embaucar -como si de un hechizo se tratara- al ser curioso preparado para leer la historia que lo hace con las palabras mágicas que se han pronunciado siempre:

Había una vez una bruja que vivía en el bosque. Vivía junto a tres robles, frente al estanque de las ranas, allí donde en primavera crecen las exuberantes camelias amarillas (…)

el bosque de la bruja y los calcetines mágicos

Karla vive sola en una casita en el bosque inclinada por el viento donde hay una cama de bruja, una cocina de bruja, un caldero de bruja y un sillón de orejas junto a la ventana donde ella, Karlota Ingwer Loretta, se acomoda al anochecer para hacer punto y tejer calcetines rojos.

Robert es repartidor de carbón (en la ciudad) del comerciante y explotador Klawutte. Pero, sobre todo es coleccionista de historias. Siempre lleva su cara cubierta por el polvo del carbón, además de sus manos y uñas que le avergüenzan ocultándolas en los bolsillos del pantalón cada vez que conoce a una chica que le gusta y siempre está solo.

Las ilustraciones de Jörg Mühle -en blanco y negro y coloreadas en gris- acompañan partes del texto. Además, enmarca con diferentes motivos (raíces, clásicas molduras, corazones…) los cuentos contados dentro de la propia historia lo que ayuda al lector a diferenciar esos cuentos de la historia principal.

Jutta Richter hace honor a su gran maestría. Teje historias que hila enredándonos en una increíble madeja de brujas, de conjuros para tener un verdadero elefante, del nacimiento del arco iris, de amor, pero, sobre todo, narra una historia sobre la felicidad.  Ha llegado el momento de seguir coleccionando historias.  ¡Feliz lectura!

“- Ya, pero yo pensé que usted contaba historias. Las historias no son verdaderas, ¡las historias se inventan.
-¿Estás seguro? -preguntó la señora Schlott.
Robert dudó y finalmente asintió.
-Lo que uno sabe y lo que uno quiere creer -dijo la señora Schlott-. No todo es inventado. En toda historia se encuentra una realidad. Se puede contar de una u otra manera pero la realidad siempre está dentro.” (p. 26)

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